La salida de la ciudad le llevará por los suburbios del sur hasta el extenso bosque de Fontainebleau, un antiguo coto de caza real que sigue proporcionando una refrescante escapada a los parisinos. Al llegar al Castillo de Fontainebleau, le entregarán su entrada y una videoguía personal. Fontainebleau fue una residencia muy querida por los reyes franceses desde Francisco I hasta Napoleón III, y cada monarca dejó su huella en la estructura.
Durante su visita, no se pierda las galerías renacentistas adornadas con pinturas y esculturas, los aposentos reales, el salón del trono de Napoleón I y el teatro reformado bajo Napoleón III. En el exterior, dedique algo de tiempo a pasear por los jardines formales y el extenso parque, donde lagos, canales y largas perspectivas ofrecen vistas espectaculares del palacio.
A continuación, viajará hacia Barbizon, un tranquilo pueblo enclavado en los lindes del bosque. En el siglo XIX, artistas como Corot, Millet y Rosa Bonheur hicieron de este lugar su hogar para pintar directamente de la naturaleza, sentando las bases del Impresionismo. Su guía le explicará este legado artístico a su paso. Tras esta última parada, relájese en el trayecto de vuelta a París, regresando a su punto de partida con la sensación de haberse aventurado mucho más allá de la ciudad en tan sólo unas horas.