Solo lo mejor
Detalles que marcan la diferencia, una parada más, ese rincón escondido... Lo mejor para tu viaje. Valoración: 8,3/10
Llega al corazón de cada destino con visitas y actividades únicas, creadas por lugareños y escogidas por nosotros.
Tan cerca y, sin embargo, tan lejos. Córcega y Cerdeña son como dos hermanos que se mudaron a países diferentes y a los que no solo les separa el mar, sino también la cultura. Esta excursión de un día a la localidad de Bonifacio, encaramada en un acantilado en el sur de Córcega, es la forma ideal de conocer la región más salvaje de Francia. La guía local, Francesca, explica esta dinámica:«La gente suele pensar que las dos islas son vecinas, pero durante siglos fueron rivales. Y a pesar de que Córcega está a solo 12 km de Cerdeña, el idioma, la gastronomía y las tradiciones tienen un marcado carácter francés».
Tras un trayecto en coche hacia el norte de Cerdeña para coger el ferry en Santa Teresa, realizarás la travesía de 50 minutos. Construido de forma precaria sobre acantilados de 70 m de altura, el puerto de Bonifacio, con aspecto de fiordo, es todo un espectáculo. Te subirás a un minitren hasta el centro antes de realizar una visita guiada por su vertiginosa ciudadela, con callejuelas estrechas y muy concurridas. Una vez que la visita te haya ayudado a orientarte, tendrás la tarde libre para buscar un sitio donde comer y explorar la ciudad.
Mientras deambulas por las calles empedradas, seguirás los pasos del hijo más famoso de Córcega, Napoleón, quien desde aquí planeó su fallida invasión de Cerdeña en 1793. Las vistas épicas desde los acantilados hacen fácil comprender por qué eligió este lugar, pero Francesca aconseja alejarse de los miradores:«La mayoría de los visitantes se dirigen directamente a las vistas, pero el verdadero encanto de Bonifacio está en las callejuelas. Ahí es donde encontrarás las pequeñas cafeterías y los talleres que los lugareños siguen frecuentando a diario». Puedes curiosear en busca de antigüedades, artesanía y joyería en las tiendas que ahora ocupan las casas antiguas, o bajar al puerto para ver cómo van y vienen los yates.